La resistencia de los trabajadores frente a la crisis




Tras el paro del 28 de agosto, nuevamente, los trabajadores organizados hacen sentir su reclamo. Tanto el gobierno como los medios se ven obligados a ponerlos en la agenda y como nos tienen acostumbrados y ya no pueden tapar el sol con la mano, tratan de tergiversar o de desviar la atención sobre los ejes centrales por los cuales se para.
En cada paro se instala en el sentido común, tanto desde el gobierno y los medios, la idea de que un paro “democrático” debe darles a cada trabajador la libertad o no de adherirse.
Lo real es el contexto organizativo en que los trabajadores se encuentran y su capacidad para protestar: una fuerza sindicalizada que no llega al 17%, con conducciones sindicales burocráticas que miden sus intereses con el gobierno y con las empresas más que la defensa de los derechos de los trabajadores, con altos niveles de precarización que meten temor a perder el trabajo. En ese marco, efectivizar cualquier medida  de fuerza, y más un paro, no depende solo de la voluntad individual.

¿Cómo llegamos al Paro?
-Con un inflación que, según datos conservadores, llega a alrededor del 20% en lo que va del año.
-Con la caída del salario real, también según datos oficiales, para el sector privado de un 5% y de 2,6 % para el sector público.
-Con un nivel de desocupación y subocupación, tomando los datos de INDEC, similar al que había a fines de 2007 donde los más afectados son los jóvenes y las mujeres.
-Con la destrucción de 482.000 empleos de los cuales el 83% (404.000) se perdieron en lo que va de este año.

Lo real es que estamos frente a un escenario de suspensiones y despidos  - que se iniciaron en el sector automotriz y se extendieron a otros sectores de la producción local, como industria ferroviaria, frigoríficos, gráfica, plástico, cerámica, metalúrgica.

Dando respuesta al discurso gubernamental que acusó a los gremios convocantes a parar de ser funcionales (o incluso pagados) por los fondos buitres, exigieron el no pago de la deuda externa hasta que se  investigue su origen y la composición.

El paro sumó además reivindicaciones vinculadas a la judicialización de la protesta social. Estando latente la condena a cadena perpetua de los trabajadores petroleros de Las Heras, se exigió el desprocesamiento de todos los luchadores sociales y la libertad a los presos por luchar.

Por otra parte, se volvió a exigir un aumento salarial de emergencia y de todos los planes sociales y jubilaciones, el 82% móvil para los jubilados y el pedido de derogación de las herramientas legales que existen  - o que se intentan aprobar - para poner en práctica el castigo legal a los luchadores sociales y trabajadores (Ley Antiterrorista, Ley Antipiquetes).

En este contexto económico, es de suponer que la conflictividad va a ir en aumento. Por otra parte, el gobierno no da respuesta a los reclamos de estas jornadas. 

El desafío, más allá de un paro, es si la clase trabajadora podrá confluir con los demás sectores en lucha para dar, en conjunto,  una respuesta con más fuerza, más organización y más contundencia en el marco de un plan de lucha extendido.




Países emergentes, ¿el nuevo nombre de la dependencia?

¿Qué son los BRICS?. La sigla se arma con las iniciales de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Fue el nombre con el que en 2001 el economista Jim O’Neill, de la inversora Goldman Sachs, bautizó a los principales países emergentes. ¿Pero qué son los países emergentes? Antes nos decían países subdesarrolados o simplemente pobres. Son todos eufemismos para no decir dependientes.

Emergentes el nuevo nombre que le dan los Sres del imperio a estos países que, en conjunto, representan alrededor de una cuarta parte del producto interno bruto mundial, 43 por ciento de la población del planeta (es decir fuerza laboral barata) y 20 por ciento de la inversión global. Otro dato interesante es que del 60 al 80% de las transacciones de este bloque son en otras monedas y no en dólares.

Es evidente el interés que tienen las grandes corporaciones transnacionales en invertir sus excedentes de capital en estos países.

Actualmente un tercio del comercio externo de Argentina es hacia el conjunto de países que componen los BRICS: la vinculación comercial con ellos, por tanto, es creciente, y nada hace suponer que decrezca en los próximos años, sino más bien lo contrario.

Nos dicen los economistas heterodoxos (y los ortodoxos también), que la incorporación permitiría que Argentina “vuelva a aparecer como país emergente en vías de desarrollo con mucho potencial”. También representaría una nueva ventana de financiamiento externo, cuando se requiere captar divisas y atraer inversiones. Pero esto ocurre en el marco de la crisis mundial del capitalismo. ¿Es realmente una alternativa?

Nos dicen que “Somos una potencia en materia agrícola. Además, Argentina “cuenta con la segunda reserva mundial de litio, una de las principales de oro metálico, con casi 10.000 toneladas, 500 millones de toneladas de cobre, 300.000 de plata metálica, al tiempo que nos proyectamos como tercer exportador mundial de potasio. Estamos parados sobre la tercera plataforma mundial en materia de hidrocarburos no convencionales. Y a eso hay que sumar el desarrollo tecnológico, el desarrollo nuclear para usos pacíficos.

Nuevamente desde Puente Uno nos preguntamos: ¿Qué tipo de inversiones? ¿Quiénes se beneficiarán y perjudicarán con esas inversiones? 

¿Qué papel pueden cumplir los BRICS en un nuevo escenario mundial? ¿Qué podría significar, para América Latina, la incorporación de Argentina? ¿Es correcto incorporarnos a los BRICS? ¿Por qué no buscamos una mayor integración con las alianzas alternativas que se están desarrollando en América Latina, como el ALBA?  

Este será el tema del día: PAÍSES EMERGENTES: ¿EL NUEVO NOMBRE DE LA DEPENDENCIA?




Presentación del tema del día. Eduardo Shmidt.




Entrevista a Julio Gambina, Doctor en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Es
Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP, e Integrante del Comité Directivo del consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO (2006-2012). También participa como miembro del Consejo Académico de ATTAC-Argentina y dirige el Centro de Estudios Formación de la Federación Judicial Argentina. También participa como columnista sobre Economía y Cooperativismo en medios periodísticos de Capital Federal y del interior del país.